La Sombra sobre Tethlis

Deidades principales de Tethlis

Las siguientes son las nueve deidades de mayor relevancia en Tethlis:

Ithmathiel – Dios de la justicia y el bien
Étaras – Dios de la guerra
Dalenorn – Diosa del amor
Yáodac – Dios del placer y la lujuria
Azza – Dios del asesinato
Tyrel – Diosa de la sanación
Faethurn – Dios de los herreros
Ysylda – Diosa de la sabiduría
Mórium – Dios de la muerte y las artes oscuras

De todos los dioses, Ithmathiel es el más común y venerado.

Los dioses Mórium y Azza no suelen contar con muchos templos que les veneren. Sin embargo, la leyenda dice que adeptos no les faltan.

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Nota de Dante a los aventureros

Baasa vino en sueños. ¿Qué clase de sueño era éste en el que pude ver a mi viejo amigo con un aspecto endemoniado?

Su gran envergadura poseída por Dios sabe qué diablo trató de arañarme con sus garras polvorientas. Sus ojos parecían salirse de sus cuencas.

¿Cómo pude soñar que Baasa era un demonio? Mi pobre viejo… tanto que hace por mí…

La mañana siguiente desperté al lado del propio Baasa, ésta vez era real, su forma humana, el viejo hombre que había conocido tiempo atrás. Me dijo que sabía cómo vencer a Aristarco y acabar de una vez por todas con el trágico destino que llegará cuando mi hermano ocupe el trono.

Curioso que en sueños quisiese matarme, y teniéndolo a mi lado sea mi más fiel aliado.

Dante… – Susuraba en mi sueño – Dante… He sido enviado por Aristarco para terminar con tu vida.

Hace un par de horas me hablaba, ya despierto… Dante, mi buen amigo, para acabar con tu hermano debemos llevar cuidado y seguir una serie de pautas. He podido informarme acerca de sus habilidades combativas. Se trata de algo inhumano. Si a ello le sumamos la protección de su armadura, que él mismo me confió haberle vendido su alma a un demonio para pagar por su precio, y a la espada que heredó de Asdrúbal y su propia máscara, le convierten en un oponente prácticamente inmune a cualquier herida, por grave que sea. Le he visto entrenar y recibir los golpes de una docena de titanes, salir del paso ileso y rebanarles las cabezas uno tras otro, como quien parte en dos un trozo de pan.

¿Qué hemos de hacer? – Le contesté a un Baasa humanizado.

Hemos de encontrar la forma de destruir el poder de dichos objetos. Entonces Aristarco perderá la mayor parte de su potencial y será el momento de acabar con él.

Poco más recuerdo.
Baasa se ha marchado hace poco, pero no sé a dónde. Creo que se ha ido balbuceando algo… No le he oído muy bien… ¿Zen? ¿Tzen?

Mis queridos amigos, ¿vendréis a ayudarme?

Atentamente,
Dante.

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Regiones de Tethlis

Anhem (La Ciudad Imperial)
Argonia (La región donde más razas distintas conviven)
Bratinia (La tierra de la caballería)
Daya (La más pequeña y pacífica de las regiones)
Dortos (El hogar de Dante)
Hoglob (La región de los Medianos)
Karaz-Kan (Las montañas de los Enanos)
Moresia (Las tierras tomadas por los Bárbaros)
Naduvia (El gran bosque de los Elfos)
Neisa (Paradero de la prisión de mayor importancia)
Yan (El gran cementerio)

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Contexto

Asdrúbal III, el Emperador de Tethlis, vive los tiempos más difíciles para su Imperio.

El Emperador es muy anciano, pero goza de una respetable salud, y, su hijo Dante, cansado de esperar para poder tomar el poder que se le prometió tras la muerte de su padre, ha intentado asesinarle en varias ocasiones.

Se dice que Dante tuvo importantes relaciones con las más destacadas tribus bárbaras de Moresia, e incluso llegó a pagar grandes sumas de oro para que los bárbaros pusiesen fin a la vida de su padre. Los bárbaros lo intentaron, pero fueron cayendo bajo las espadas de los Yelmos Rojos y las flechas de los Yelmos Azules. Viendo el resultado de la situación, y que las murallas de Anhem son muy difíciles de penetrar, los bárbaros cedieron, ignorando a Dante y continuando con sus tareas invasoras en otros territorios menos defendidos.

El cabreo de Dante fue inhumano, y hubo de regresar a Dortos, su tierra natal para continuar ingeniando sus planes. Los habitantes de Dortos fueron siempre fieles a Dante y le desean ver lo antes posible como Emperador. Con lo cual, las relaciones entre Anhem y Dortos suelen ser bastante conflictivas.

Una vez Dante regresó a Dortos (sabiendo que los bárbaros le habían fallado), comenzó a crear su propio ejército con el fin de penetrar finalmente en Anhem. Para ello, Dante amenazó a las regiones de Karaz-Kan, Argonia y Hoglob para que les ayudase en su labor. Los Enanos de Karaz-Kan se mantuvieron distantes e ignoraron las amenazas del hijo del Emperador. En Argonia, al ser una región tan variopinta, Dante consiguió atraer a varios adeptos, mientras que otros cayeron ante su espada por expresarle abiertamente que no era más que un maníaco. Por lo que respecta a los Hoglobitas, conociendo cómo son y cómo suelen comportarse; al principio se vieron intimidados por su furia, le prometieron apoyarle y, cuando Dante se marchó, no fueron muchos Medianos los que quisieron ayudarle.

El tiempo fue pasando y, temiendo lo peor, Bratinia (que siempre fue fiel a Anhem) se alió con la Ciudad Imperial, y a ella le siguieron Naduvia, Daya y parte de Argonia y de Hoglob. Karaz-Kan continuó manteniéndose al margen, mientras que los Moresianos, viendo cómo las regiones se iban aliando, solicitaron a Dante la unión de los Bárbaros con su ejército. Dante, aunque todavía dolido por cómo le habían tratado los Moresianos, se vio obligado a aceptar la oferta, pues el poder que podía amasar la alianza de Asdrúbal era enorme, y eso no era algo que podía permitir el egoísta Dante.
Fue así cómo quedó sellado el destino: La Alianza Imperial de Asdrúbal III frente a las Hordas de Dante, compuestas por el ejército de Dortos y las masas de Bárbaros.

La guerra estalló y los fieles a Dante, por segunda vez, no pudieron penetrar las murallas de la Ciudad Imperial. Enojado a más no poder, Dante se prepara para su tercer intento, planificando y estudiando sus acciones en su Torre de Hechicería. Vuelan rumores sobre que, si antes era un maníaco, su odio aumenta cada día que pasa y, queriendo zanjar el asunto de una vez por todas, está empezando a recurrir a otras fuentes más peligrosas y oscuras.

Es la labor de todo buen Tethliano la de proteger al Emperador Asdrúbal III. La verdadera guerra puede estallar de un momento a otro: La Alianza Imperial de Asdrúbal frente a las Hordas de Dante… La palabra de un hijo contra la de su padre.

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El relato de Baasa a los aventureros

No todo es siempre lo que parece y, en muchas ocasiones, los justos pagan por pecadores. La historia que concierne al Emperador Asdrúbal y a su hijo Dante o, por lo menos la que los habitantes de Tethlis conocen, no es precisamente del todo cierta.

Dante no fue el único hijo que tuvo Asdrúbal. Su mujer, Astaryel, dio a luz a dos niños gemelos, a los que llamaron Dante y Aristarco.

La relación entre Asdrúbal y Astaryel fue viniéndose abajo y decidieron separarse pocos días después de nacer los gemelos. Astaryel se quedó en Dortos cuidando de Dante, mientras que el Emperador y Aristarco partieron hacia Anhem para forjar allí su Palacio y la Ciudad Imperial de Tethlis.

Aristarco fue el único de los dos hijos que fue criado en secreto, fuera de la vista de todo Tethlis, a lo alto del Palacio de Anhem, cuyo acceso estaba prohibido a todo el mundo salvo al Emperador y a mí. La vida de Aristarco fue la de un hijo encerrado durante veinte años en la última planta del Palacio Imperial, donde aprendería desde niño a manejar la espada bajo la tutela de su propio padre.

Una vez Asdrúbal lo consideró oportuno, vistió a su hijo Aristarco con las prendas habituales de los Cascos Rojos y lo presentó ante el resto del Palacio como su nuevo Consejero venido de las nobles tierras de Bratinia. Evidentemente, nadie supo que era su hijo, salvo yo, el ayudante personal que había estado cuidando de Aristarco hasta su madurez. Prometí guardar el secreto de Asdrúbal, pero aun así, el Emperador decidió encerrarme en los calabozos del Palacio Imperial, en una celda apartada del resto y con la boca amordazada. Cada noche, el Emperador bajaba a los calabozos para dejarme comida y bebida para todo un día.

Mientras tanto, en Dortos, Astaryel crió a Dante hasta convertirlo en un orgulloso joven, que recibió la educación de los mejores magos de las más prestigiosas escuelas de magia hasta convertirse en un honorable archimago. Los Dortos manifestaban su entusiasmo por las virtudes del único hijo conocido del Emperador.

Un día, Dante decidió partir a la Ciudad Imperial a visitar a su padre. Como era de esperar, fue aclamado y recibido por todas las gentes de Tethlis como un héroe. Una vez llegó al Palacio, preguntó por su padre y le dijeron que se encontraba en los calabozos. Dante accedió a ellos y, en silencio, se acercó a la última de las celdas donde escuchó a su padre conversar conmigo.
Asdrúbal decía algo parecido a: “Hiciste bien tu papel cuidando de Aristarco, pero no puedo permitir que salgas fuera de esta celda. El mundo no puede saber que tengo dos hijos. Aristarco debería ser el único. Él es ahora mi consejero y me ayudará a cumplir mis tareas. La primera de nuestras tareas, amigo Baasa, es la de acabar con la vida de Dante. Mientras tanto, come algo, que tú tampoco tardarás en caer.”

Una vez Asdrúbal se alejó de la celda, Dante se escondió detrás de uno de los muros, en la penumbra, para ver pasar a su padre, el mismo que acababa de jurar acabar con su vida. El Emperador ascendió por las escalinatas del calabozo y Dante se apresuró a hablar conmigo y me desató por unos momentos la mordaza. Yo le contó toda la historia, los verdaderos hechos. Una vez lo hice, Dante volvió a amordazarme para que nadie sospechase y, con cuidado, ascendió desde el calabozo procurando no toparse con su padre. Dante, dolido y triste por lo que acababa de escuchar, decidió subir de planta en planta en busca de su hermano. Los Cascos Azules y los Cascos Rojos, desconociendo lo que estaba ocurriendo, iban cediendo el paso al hijo del Emperador con total naturalidad y agradeciéndole su presencia en el Palacio.

Dante se preguntó cómo no le habían confundido con su hermano gemelo, hasta que al llegar a una de las salas entendió el motivo. Desde el fondo de la habitación, sentado en el suelo y con la espalda apoyada en el trono vacío del Emperador, una voz rasgada y susurrante se dirigió hacia él. “Padre no está aquí.” Aristarco se encontraba vestido con una armadura completa, una larga capa negra colgaba de sus hombreras y, su cara, se encontraba completamente tapada con una máscara gris. La presencia de Dante no había causado en Aristarco la más mínima impresión. Dante, por el contrario, no supo cómo reaccionar ante la presencia de su hermano. Por una parte quería arrebatarle la máscara; por otra, quería vengarse de él y de su padre. Entre tanta incertidumbre, Aristarco se levantó del suelo y se dirigió hacia Dante con un paso lento.

“Imagino que habrás hablado con Baasa y te habrá contado todo, y aunque así haya sucedido, nadie te va a creer. Tú eres el hijo del Emperador ante los ojos de la gente y el digno heredero al trono. Yo soy su mano derecha, su Consejero y cuento con todo su apoyo y el de toda la Guardia.”

En ese momento, Asdrúbal entró a la habitación y tragó saliva al ver a sus dos hijos juntos.

Aristarco continuó. “Para que lo entiendas… ¿Quieres ver lo fácil que es que te prohíban la entrada al Palacio y a la Ciudad Imperial?”

Sin esperar la respuesta de Dante, Aristarco se acercó a Asdrúbal, desenvainó su espada y en tan solo un segundo le rasgó un hombro a su propio padre. Acto seguido, Aristarco exigió mediante un grito la inmediata presencia de los Cascos Rojos. “¡El hijo del Emperador ha intentado asesinar a su padre!” exclamaba Aristarco. “¡Le quiero fuera de Anhem!”.

Dante, que fue recibido como un héroe a su llegada, salió de la Ciudad Imperial abucheado. Los ciudadanos de Anhem le lanzaban piedras y los Cascos Rojos le fueron empujando hacia la salida. Los enormes portones de la Ciudad Imperial se cerraron ante el demacrado rostro de Dante.

Desesperado, el Archimago Dante solicitó la ayuda de Dortos para tratar de rescatarme de los calabozos del Palacio. Dante nunca llegó a solicitar la ayuda de los bárbaros, esa fue la explicación que dieron Asdrúbal y Aristarco a sus gentes cuando vieron cómo una masa de Dortos trataba de penetrar las murallas de Anhem. Dante se escondió donde nadie pudo verle y esperó a que un compañero Dorto le trajera el cuerpo inerte de un Casco Rojo. Dante se vistió con la armadura de la Guardia de Anhem, cubrió bien su rostro con el yelmo y corrió hacia la refriega, penetrando las murallas hasta llegar al mismísimo Palacio. Una vez allí, dio la voz de alarma: “¡Compañeros, Dante ha llegado con sus gentes, salid todos a expulsar al bastardo!”. Una vez los Cascos Rojos y Azules desaparecieron de la vista de Dante, éste descendió a los calabozos, para encontrarse con el encargado de las llaves de las celdas, al que durmió con uno de sus hechizos. Poco después, me liberó y me vestí con el uniforme del Guardia que seguía dormido bajo los efectos del hechizo de Dante.

Horas después, Dante y yo sorteamos la pequeña refriega que iba dejando a Dortos y a Cascos Rojos y Azules mordiendo el polvo, hasta alejarnos varios kilómetros de Anhem, donde nos esperarían varios carruajes para traernos a Dante, a mí y a los Dortos supervivientes de vuelta.

Lo que vino después fueron las alianzas que Asdrúbal fue consultando, creemos, con Aristarco. La idea que Dante trajo de vuelta a Dortos fue la de que Aristarco es un hombre frío y manipulador. Dante está convencido de que la mayoría de las decisiones políticas que hace públicas Asdrúbal, están envenenadas con las ideas del retorcido hijo que tiene como consejero. Tanto es así que no pasó un solo día hasta que se hizo pública en todo Tethlis la noticia de que Dante, el hijo del Emperador, no solo había intentado asesinar a su propio padre, sino que además había liberado a uno de los presos del calabozo para seguir tramando sus oscuros planes.

Si Dante ya se había ganado los enemigos de la Ciudad Imperial, ahora se había ganado la enemistad de la práctica totalidad de Tethlis. Entonces Asdrúbal creó la “Alianza Imperial”, con el fin de derrotar a Dante y a los invasores Dortos y bárbaros. Los bárbaros de Moresia, no teniendo nada que ver con el asunto, decidieron invadir Anhem y Dortos por igual. La Ciudad Imperial les detuvo los pies con facilidad mientras que los Dortos tratamos de explicarles la situación que estaba ocurriendo. Dada la naturaleza de los bárbaros, las intrigas políticas no solo no eran de su incumbencia sino que les habían hecho ganar enemigos a raíz de la noticia publicada por Asdrúbal.

Ni Dante, ni Astaryel, ni los Dortos, ni yo pudimos hacer entrar en razón a los bárbaros, así que la guerra estalló entre Moresia y Dortos. Pasados dos años, y viendo que la guerra en la que los bárbaros se habían metido no acababa nunca, los Moresios asesinaron a Astaryel delante de los ojos de su propio hijo, Dante. No tardaron en hacer llegar a la Ciudad Imperial el mensaje de que Dante había asesinado a su madre, y el caos estalló de nuevo.

Dante pasó a ser ahora el enemigo de todo Tethlis, salvo de los Dortos y aquellos que entraron en razón.

Desde entonces, Asdrúbal mandó construir una campana a lo alto de una de las torres del Palacio Imperial. Dicha campana tañería una vez cada día para recordar a los ciudadanos que Dante sigue con vida. El día que la campana deje de tañer será el día más triste de la historia de Tethlis, y la gran mayoría de sus ciudadanos no podrán comprender jamás la injusticia que Asdrúbal y Aristarco imponen, engañando a los ciudadanos desprovistos de la verdad.

Poco tiempo después de la construcción de la campana, Asdrúbal comunicó oficialmente que el sucesor al trono pasaba a ser Aristarco, su leal consejero. La Ciudad Imperial aplaudió la decisión de Asdrúbal y pidieron, por favor, que el Consejero se retirase la máscara gris para poder ver su rostro y reconocerle. Obviamente, dicha situación crearía un problema. Si Aristarco retiraba su máscara el pueblo comprobaría su gran parecido con Dante, así que Asdrúbal pospuso la propuesta hasta el día siguiente. Esa misma noche, sabiendo que la gente le iba a seguir pidiendo que se retirase la máscara, Aristarco asió un puñal y comenzó a rajar y a desfigurar su cara. Al menos, eso es lo que se cree, pues al día siguiente, al retirar su máscara ante las multitudes, lo que los ciudadanos pudieron ver era un rostro endemoniado. Los ciudadanos, la Guardia y el mismo Asdrúbal se quedaron en silencio durante varios minutos, observando el aspecto inhumano del heredero al trono. Poco después, Anhem estalló en aplausos, a pesar de la impresión que le había causado el rostro del Consejero. Acto seguido, Aristarco se puso la máscara, dio la espalda al pueblo y volvió a entrar en el Palacio.

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Jerarquía Imperial

1. Emperador Asdrúbal

2. Lord Aristarco

3. Los Cancilleres

4. Príncipe Guillaume y Lady Beatriz

5. Los Yelmos Dorados

6. Los Dirigentes de las Regiones

7. Los Alcaldes de las Ciudades

8. Los Yelmos Rojos y los Yelmos Azules

9. La Guardia de las Ciudades

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Decreto Oficial

DECRETO OFICIAL DE LA SALA PARLAMENTARIA

1. El uso de la magia en las ciudades está prohibido. Cualquier ciudadano que sea encontrado empleando la magia en cualquiera de sus formas será apresado y juzgado posteriormente.

2. Están completamente prohibidos los conflictos armados en las ciudades, a excepción de aquéllos llevados a cabo por la Guardia Imperial, cuyos fines serán en todo momento los de proteger a los ciudadanos.

3. Cualquier ciudadano que asesine o robe en la ciudad será sometido a juicio. Los componentes de la sala parlamentaria del Imperio juzgarán la pena conveniente.

4. El asesinato de algún miembro del Palacio Imperial o de su Guardia supondrá la inminente ejecución del criminal. El ciudadano condenado a la pena de muerte podrá optar por ser ahorcado o decapitado. Además, tendrá derecho a pedir un último deseo.

5. Cualquier manifestación pública de apoyo hacia Dante y/o hacia su ejército supondrá la deportación a la prisión de Neisa. Los componentes de la sala parlamentaria juzgarán la posibilidad de condenar a muerte al ciudadano en cuestión, tal y como se ha descrito en el punto previo.

6. El tráfico de drogas o de otras sustancias ilegales está prohibido. No obstante, el uso doméstico de estas sustancias y su cultivo es lícito.

7. El incumplimiento de los dictámenes Imperiales será motivo suficiente para someter a la pena de muerte a un ciudadano.

Decreto oficial establecido en la Sala Parlamentaria del Palacio Imperial.

Firmado por el Emperador Asdrúbal, Lord Aristarco y los Cancilleres:

Sir Robert Bardieu, Sir Richard Hopkins, Sir Gustav Gretzen, Sir Anthony Lemonde, Sir Thomas Richardson, Sir Jacob Vultren, Sir Armand Evreux, Sir Henry Shepherd, Sir Arthur Monteux y Sir Charles Atkinson.

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